lunes, 30 de septiembre de 2013

La diosa purpura y el Héroe sin nombre ni historia

Hemos estado juntos desde el comienzo del tiempo y nos amamos apenas nos mirábamos levemente a los ojos,  nos entregamos con todo lo que poseían nuestras pálidas y frágiles almas infantiles. Nos enredamos en un universo nuevo y auto destructivo de celos e inflexiones, como dos héroes dispuestos a morir en un letal combate. Fue así como nuestra historia comenzó a destruirse, fue tal su potencia que se transformo casi en un arma peligrosa para ambos, tan peligrosa, que solo se calma con la muerte de uno de los dos.

Para amarte y sentirse a la par, se debió construir una fantasía gigantesca para así no sentirse tan pequeño en comparación a tu sola presencia, una presencia que entregaba calma y amor, miedo y resignación.






Su sola presencia para él era tan inmensa como el mismo infinito y tan delicada como una gota de lluvia, para él era una diosa a la cual no pudo contener solo con su fantasía y sentimientos, aquella diosa se transformaba día a día en una guerrera solitaria que buscaba la soledad como respuesta a su vida, como si en esa búsqueda estuviese toda su historia, toda su vida, pasado, futuro y presente están en su búsqueda de soledad y rechazo a todo tipo de protección. Para aquel Héroe solo le quedaba la opción de una fantasía donde ella pudiese mostrarse como una diva y diosa al mismo tiempo, donde ella fuese una guerrera y una sacerdotisa, pero a cambio de ese pedazo de fantasía se convirtió en su propia fuente de auto destrucción.
El tiempo no cura las heridas de tal guerra y sufrimiento para aquella diosa, donde su cuerpo pálido, frágil y sensible al tiempo se desvirtuaría en una viuda de sus sentimientos, vagando por el enorme desierto de su corazón nadando por los enormes ríos de lágrimas de niña inocente clamando justicia a dios por el dolor de su sentimientos. Renegándose a toda opción de paz entre su corazón y su conciencia, donde la guerra sería lo único que curaría ese cáncer, ese cáncer que fue producto de la inmadurez de ambos Héroes, ambos se destruían mutuamente, mientras se juraban amor eterno.
Ese amor que le pertenecía a la pequeña diosa de la mirada del color de la miel, esa mirada se transformaría en una mirada gris-roja, gris de su odio y su fuente de destrucción y roja por el amor y la pena que poseía dentro de su corazón. Ella comenzó a vagar por los inmensos parajes del cosmos narrando la historia de su dolor y su deshonra, pero transformando la verdad absoluta en una verdad con sed de rencor e ira, la cual no podía sostener ella misma en sus hombros. De diosa a viuda, de viuda a hechicera, se transformó en una maga de la venganza, 
donde el dolor de quien fue una vez su Héroe, donde las lágrimas de quien fue su caballero calmarían su apetito de venganza, donde la vida de quien una vez juró esperarla al lado del umbral de la otra vida, calmaría toda esa ansiedad por su deshonra. Desde aquel minuto ella no sería nunca más la misma diosa a la que le clamaban su mirada para esperar el amanecer, en pequeñas tiendas de color purpura como el color que rodeaba a sus ojos de color miel.





La leyenda cuenta que a quien mire y enamore la diosa, ese guerrero se transformará en un semidiós, el cual debe dar como ofrenda a la diosa la cabeza de aquel Héroe, entonces la diosa lo retribuirá con su mirada y fertilidad por cien siglos y cien siglos más.
También se puede escuchar desde el oeste muy tímidamente una voz, la voz de quien fuera la servidora de la diosa que dice que ella siempre piensa en su Héroe antes de esperar el amanecer, dicen la servidora de la diosa que siempre clama su nombre al cielo cuestionándole al universo el por qué este Héroe la deshonró, al mismo tiempo en que la diosa pide la muerte y el amor eterno de este Héroe. La servidora de la diosa quien viene desde el desierto más árido y frío al mismo tiempo le contó a un confidente de este Héroe, que la diosa aun le ama y siempre le amará, aunque sus sentimientos hacia el Héroe los esconda detrás de la tormenta de furia. También se rumorea que un día al final de los tiempos la diosa calmará su odio y dolor hacia este Héroe cuando el deje todo y a todos y se incline ante ella, y pida el perdón entregándole el mismo su cabeza para que ella la desgarre desde su cuerpo.


Se dice que a la diosa se le puede ver en los días de más frio y lluviosos, vestida como una diosa investida de viuda con cuero negro en sus pies y rosas de color azul, un azul fuerte como el cielo de verano, caminando entre los prados con una mirada vacía hacia el horizonte con una espada con empuñadura de cuero, el cuero de su Héroe como muestra de que el volvió para ser uno con ella y el infinito, muchos la llaman simplemente La Diosa, otros la llaman La viuda de los mis Soldados, pero hay alguien que dice que la diosa simplemente pide que por su forma de amar y odiar, su forma de buscar la guerra dentro de tiempos de paz y que por su deshonra pide que la llamen La diosa Purpura.            



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