jueves, 3 de octubre de 2013

La diosa purpura y el Héroe sin nombre ni historia Parte 2

La historia que viene incluso puede ser desde antes de que naciese el universo.




Antes del tiempo y antes del primer sonido que se escucho en el universo, hubo un nombre que era portado como el emblema de un Héroe, un Héroe de mil batallas, que dedicó parte de su existencia a proteger a una Diosa, una Diosa muy caprichosa, que nunca era contradecía en sus palabras, ese Héroe nunca dejó de servirle, incluso si terminaba el siendo herido por las consecuencias de los actos de su Diosa, la Diosa que el amaba con todo lo su ser. Muchas veces el tuvo miedo, sentía temor antes de cada batalla, la Diosa a la que defendía con toda su alma y todas sus fuerzas, fue quien miles de veces lo hería, sus ataques dejaron miles de heridas en su cuerpo pero sobre todo en su interior, son esa clases de heridas que jamás sanaran.
Cuando el hizo el juramento de entregarle su alma a aquella Diosa, le prometió que nunca le dejaría sola, que nunca ella se sentiría sola y que jamás protegería a otras Diosas mientras el permaneciera con  vida, pero él le pidió solo una cosa a cambio de su alma y eso era que nunca le abandonara ni menos olvidara se olvidara de su nombre.






Apenas comenzaban a aparecer los primeros tres amaneceres del tiempo, el comenzó a cumplir con la vida de un Héroe, una vida que para el más que esforzada era un honor, dentro de acompañar a su Diosa, él le conversaba muchas cosas, algunas hacían feliz a la pequeña Diosa, otras simplemente le sacaban la risa y comenzaban a jugar como niños en pequeños círculos de fuego. Cada vez que su Diosa comenzaba a dialogar con él, él le prestaba mucha atención a las palabras que salían de los labios de aquella niña que era una Diosa, algunas palabras formaron muchas dudas en aquel caballero que juró ser el Héroe de ella, algunas frases daban vuelta en su cabeza por muchos anocheceres y amaneceres, a un punto, donde él un día se sentó en una silla, que estaba forjada en metal, su cuerpo estuvo sobre esa silla por un largo tiempo, mientras que las frases de la Diosa comenzaron a rondar por su cabeza, el solo pedía que saliese el sol para ir a ver a su Diosa a su palacio y tratar de ver de dónde habían salido aquellas frases que dejaron dudas de los reales sentimientos de la Diosa hacia su Héroe.
Con el pasar del tiempo, estas frases comenzaron a pronunciarse más seguidas por bastante tiempo, hubo un amanecer donde el Héroe tomo una máscara y salió a caminar bajo la lluvia, el camino no tenía principio ni final alguno, la misma lluvia que se le bañaba el cuerpo al caminar aclaraba más las ideas de aquel hombre que parecía perdido entre la lluvia y las nubes en el cielo.

Cuando en un lapso de segundo el solo hecho de poner en su mente el rostro de la Diosa,  le surgieron dudas de seguir portando el escudo con el emblema de la Diosa, en ese mismo instante el comprendió que la Diosa jamás le sería tan leal, como él lo sería con ella.




La vida de la Diosa no era fácil, cargaba con muchas historias que circulaban en los pasillos de su palacio, donde muchas veces ella se encerraba a mirar una fuente de agua, la cual le mostraba historias a ella, historias que a la Diosa la sacaban de su día normal y lo hacían algo más agradable, ella dentro de sí, tenía muchas cosas que hacerle entender a su corazón y su mente, pero parecía que ella las encerraba en botellas de cristal, las cuales ella iba guardando y que con el pasar del tiempo ella abría y comenzaba a llorar, muchas de sus lágrimas cayeron sobre el universo, algunas veces ella decía que nada iba a cambiar su mundo, ni que tampoco harían cambiar su corazón.

Al acercarse una de las últimas primaveras que la Diosa y el Héroe compartirían juntos, se les podía ver casi en una guerra entre ambos, una guerra que se volvía más peligrosa para quienes entraban al círculo de ellos. Un día la Diosa manda a llamar al Héroe con sus sirvientes, el se presenta ante ella, la mirada de la diosa estaba muy decidida, estaba dispuesta a terminar con el Héroe y su historia para el resto de la eternidad, mientras el ya estaba preparado para ser acabado, no iba a levantar arma alguna contra la Diosa que alguna vez el prometió compartir la eternidad. La Diosa lo mira muy fijamente y con un tono de voz tranquilo pero imperativo le pide que por favor entregue toda arma que el Héroe tenga con el emblema de la Diosa y toda posesión que la Diosa encuentre que le pertenece a ella, la sirvienta de la Diosa se acerca muy rápidamente y recibe las armas y el escudo de la reina, las cuales la reina recibe y las deja en sus aposentos, el Héroe sin nada que pueda hacer cambiar la decisión de la Diosa, simplemente le pide un último favor, la Diosa con impaciencia que él se retire de su palacio accede a esta petición y el solo le pide una pluma y una hoja de papel y unos cuantos minutos a la Diosa para escribir unas palabras que se grabarían en la memoria de la Diosa como una amenaza, el Héroe simplemente le escribe en palabras simples que él jamás la abandonaría, que a pesar de sus aciertos y errores él siempre le sería fiel a la Diosa, a su Diosa.




Luego de entregar la nota y sus pertenencias, aquel Héroe sin nombre se retira del palacio, caminando con la mirada perdida, casi como su él hubiese muerte y solo el soplo de su alma caminase por los campos, perdido y descontrolado por la desolación, el solo decide llegar a su castillo, donde el permanecería por muchas noches en vela, pensando en todos sus actos y los actos de la Diosa para con él, el simplemente toma su casco y sale de su castillo y con mucha rapidez llega hasta donde se encuentra el Hechicero y consejero de él y de la Diosa, el Hechicero al mirarle de pies a cabeza ya sabía a que había ido él y como ayudarlo a calmar ese dolor del alma, el Hechicero solo le dice una cosa y le pide que se retire ya que la Diosa solo cree en ella misma y en su verdad, el Hechicero le dice en voz alta y con tono muy fuerte "Ella siempre cree tener la razón, pero ella no sabe nada, ella solo cree saber que algo sabe, pero en realidad no sabe nada" y al escuchar las palabras de Hechicero, el da la media vuelta y decide marchar de nuevo a su castillos, pero no alcanza a dar ni un solo paso cuando el Hechicero le dice con un tono muy calmo y con mucha sinceridad "No solo te equivocaste, también ella cometió errores terribles, pero ella jamás los vera, porque ella no quiere asumir que también tiene culpa en todo, solo anda a tu cama y duerme", el Héroe no dice palabra alguna y solo sale del templo del Hechicero, directo a su castillo, donde el comenzó a tomar un sueño que duraría miles de años.







Mientras la Diosa tomo cada pertenencia que alguna vez le pertenecieron al Héroe y las guardo en una caja con forma de corazón, que luego ella quemaría mientras se embriagaba en compañía de su sirvienta más leal, la sirvienta solo le hacía compañía y trataba de calmar a su vez a la Diosa que entre palabras lagrimas de tristeza corrían por su rostro, pálido por naturaleza, pero ese día estaba más pálido que nunca.




Desde aquel día no se sabe que paso entre aquella Diosa y aquel Héroe, muchas son las historias que se cuentan, pero solo hay dos personas que saben que ocurrió entre ellos dos aparte de la Diosa y el  Héroe. El Hechicero y consejero de ambos, dice que aun se aman y que siempre se amarán y que ese lazo que les unió una vez jamás se romperá, puede ser escondido, pero jamás destruido. La Sirvienta más fiel de la Diosa ha dice entre los pasillos del Palacio que ella siempre lo amará, pero ella se negará a toda opción de que vuelvan a ser solo un otra vez y como siempre debió ser, ya que la Diosa rompió parte del pacto y que luego empezaron a dañarse uno hacia el otro por venganza, pero que la Diosa jamás reconocerá que ella fue la primera en destruir ese lazo, lazo que jamás podrá ser reconstruido.